Sinceramente, no me acuerdo muy bien qué pasaba por aquel entonces.
Según el periódico, el día 18 de marzo de 1994, unos meses antes de que yo naciera, los consumidores se quejaban de que el precio del pan había subido cinco pesetas. Puede que yo naciera con una barra de pan debajo del brazo y seguramente fuera la más cara hasta entonces.
Las tasas de desempleo serían bastante más bajas, encima el día dieciocho era jueves, y seguramente haría frío. La primavera se asomaba, sí, pero aún quedarían resquicios del largo invierno.
No había cumplido ni los nueve meses. A mi con siete ya me bastaba para salir afuera.
Después de dieciocho años y casi dos meses, he aprendido que la vida está llena de casualidades, que el mundo es muy pequeño y que las personas son muy grandes.
Hay mundos inaccesibles y hay calles que están llenas de mentiras. Hay secretos en los cementerios y amor hecho lágrimas en la puerta de un hospital.
Hay días cortos y días largos. Hay días que te mueres por volver a vivir, y hay días que te mueres por volver a abrazar.
Nunca sabrás si detrás de esa puerta estarán haciendo el amor o si en la parte de atrás de un coche hay un polvo a medio acabar. Nunca sabrás si la persona con la que te acabas de cruzar mañana tiene la respuesta a tu pregunta, o si por alguna razón os volveréis a cruzar algún día.
En dieciocho años he aprendido que un vagón de metro está lleno de historias inacabadas. Hay ojos tristes, risas con ganas, y miradas perdidas.
Hay terminales de aeropuertos llenas de encuentros y otras más de despedidas. Hay una canción para una mujer debajo del colchón en el que un hombre se deja llevar por una puta barata.
Siempre hay un marido triste en la barra de un bar y siempre hay alguien que está pensando en ti.
Hay hoteles llenos de infidelidad, hay corrupción, hay bolsillos llenos de monedas, de desamores, de drogas y problemas sin aparente solución.
Hay gente que sabe de dónde vienen y otras que ni siquiera saben a dónde van. Hay canciones que marcan tu vida desde ese tercer jueves de marzo del noventa y tres.
Y a pesar de todo lo que cabe en el mundo, éste sigue siendo demasiado pequeño.
Porque a veces, el mundo gira y yo sólo te espero a ti.
Porque de todas las vidas existentes, yo sólo quiero entrar en la tuya.
