Debo decir que, la mayoría de las veces, salgo de casa sin las llaves. Sí, soy una de las personas más despistadas que puedas conocer. Pero nunca dejo nada al azar, es tan incierto. Y lo incierto y desconocido da miedo. Aunque cuando se trata de definir y atar cabos, no sirvo. Me hago un lío y prefiero ser amiga del azar, soy indecisa. Que decida él o, si lo prefieres, el destino.
Si tengo que decir la verdad, diré que prefiero los viernes por la tarde contigo a los domingos de resaca sin ti. Creo que, si es por mejorar, que vivan los cambios y las nuevas posibilidades. Odio las probabilidades y la hipótesis nula. Son tan irrelevantes cuando se trata del corazón... Soy de las que piensan que cada persona tiene algo bueno en su interior que ofrecer al mundo y que, mostrarlo en sí, es el mayor de los deleites que uno puede ofrecer al mismo. Y que uno de los mayores placeres de la vida son los pequeños detalles, crearlos o encontrarlos. Inventar o descubrir. Mejorar, saber lo que verdaderamente tiene valor. Otorgándoselo, claro. Definir objetivos, alcanzarlos. Ser capaz de ver lo verdaderamente importante, sentir lo que de verdad merece la pena sentir. Nada más.
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