Nunca podría sentirme tan libre como ahora, a pesar de estar atada a alguien. En momentos como éste es cuando te das cuenta de lo importante que es y el cambio que supone la presencia de alguien en tu vida. La determina completamente.
A veces, me encantaría gritar a viva voz y al filo de un acantilado que me superas más y más, que no quiero deberte un susurro sino puedo darte más que nadie. Al igual que me encantaría no ser tan influenciada por tus palabras ni por tus miradas ni por tus silencios. Me afecta psicológica y físicamente. Y ya no respondo de mí. Por eso siempre me he protegido con un acorazado de mi misma. Y me he mantenido a salvo todo este tiempo, pero luego me acuerdo de ti, y entonces nada es demasiado. Y nada es suficiente. Entonces lo único que me sale al gritar es que no tengo miedo, no tengo dudas ya. Y es que si se es feliz verdaderamente, no hacen falta palabras; el silencio lo hace evidente.