Quién pudiera volver, es cierto. Volver al pasado, a veces, para cambiar hechos concretos y erróneos. Acertados, otras veces y en menor medida, aunque esos nadie quiere cambiarlos. Quién pudiera sentir de nuevo la brisa de invierno, esa sensación de plenitud bajo la lluvia, una taza de té caliente con más fe que teína. Decirte, por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos. Eso cuando debí hacerlo, claro. Cuando los astros nos observaban una calurosa noche de verano, y todo era claro y distinto. Evidentemente, no pude atreverme con tu sonrisa. No quise estropearla; quién supiera, en ese momento, cuánto en realidad era motivo de ella. Sin embargo, ahora lo sé. Y seré esa motivación tanto como el cuerpo aguante. Así que la verdadera pregunta es: ¿quién quiere volver al pasado cuando el presente es tan bonito?