Capitulo 3.
Ya sabía que no volvería a Sevilla. Que no iba a hacer más pellas con mis niños. Que no me iba a levantar a las 4 de la mañana un miercoles al sonido de un llamada, bajarme y quedarme hablando con ellos toda la noche, que llegasen las 7 de la mañana, subir a casa, ponerme el uniforme del colegio y coger la mochila, pero en vez de los libros, la ropa con la que me iba a cambiar. Que no iba a volver a Isla Magica con ellos cada vez que quisieramos. Sabia que cada vez que volviese la vista atrás en cada clase no iba a encontrar a Migue sonriendome desde el último sitio con cara de idiota, que no iba a pasarme los descansos hablando con el cuentalunares de atrás, que no iba a llegar a clase media hora antes para escribir la chuleta en la silla de delante y que Alberto se riese por la extensión de esta. Que no iba a llamar a mi hermano cuando estubiera triste y en un segundo, encontralo dandome un abrazo de pelicula. Sabia que no iba a pasarme las tardes metida en el centro comercial con Jimena haciendo el tonto de probador en probador. Que habia cambiado colegio por universidad, que los doce mejores años de mi vida en los que me habia pasado recorriendo cada uno de los pasillos de un colegio de mas de 3 mil alumnos habian cambiado por un cuadrilatero, en el que, cuando llovia, cada una de las esquinas se parecia a las cataratas del Niagara. Que habia cambiado el mejor colegio de Sevilla, por la Escuela de Magisterio de la Linea. Inmaculado Corazón de Maria, Portaceli por Virgen de Europa. Sabia que no iba a dar largos paseos de invierno con gorros de lana, olor a castañas y mi madre hablandome de que el sexo sin amor no vale la pena. Que habia cambiado ir los sabados por la mañana a ver a mis niños jugar por ir a ver los partidos de la Balona. Que no iba a llegar a Acalpuco entre gritos de: “Cyn, bajate ya! Sabia que esas tardes de pelis, palomitas y pijamas rosas con ellas se habían terminado. Que esas noches de poker en casa de Jose, en las que no sé cómo, pero siempre terminaba en bragas y sugetador, se habían terminado. Que esos paseos por la mañana con los cascos en los oidos, los apuntes en las manos y los escaparates encendidos ya no existirian más. Que cuando no pudiera más, saldria de casa y a dos pasos, tenia el centro comercial más grande de Andalucia, que no podria volver a pasear a Brownie por su parque favorito, que no podria darme largos baños con sabor a frambruesa en el jacuzzi. Que todo eso llevaba una palabra: Sevilla, y ya era hora de cambiarla por Cádiz
Había cambiado, todo había cambiado. Ya no era bajar y esperar a que todos estuvieramos para irnos juntos a clase. Ahora, era ese “lista?” de Mery. Mery? No, es Maria, María Cano para ser precisos, una personita que en poco tiempo se habia convertido en alguien especial, por cada vez que una de las dos gritabamos esa palabra; “Equipo” y una sonrisa se planta en nuetras caras. Que no me iba a encontrar ese "baja ya nena" de José y ir a dar una vuelta en coche por las calles de Sevilla y hacer el tonto hasta que nos entrara el sueño. Ya, cada vez que miraba por la ventana en clase no conseguia ver la giralda, por más que intentara imaginarmerla había desaparecido de mi mente. Cada vez que volvía la vista atrás en clase, no encontraba esa sonrisa de aquel idiota de la ultima mesa, aquella persona por la que daria la vida. Todos los días, volvía la vista atrás intentando encontarlo ahí, mirandome con esa sonrisa de niño bueno, pero nunca lo encontraba. Había cambiado el enorme centro comercial, por una tienda de ropa y otra de zapatos. Que ya no me iba a poner a saltar por las mesas de la clase en los descansos y las horas libres, porque ya no era la top-model de la clase, ahora solo era la delegada. Sabia que ya no iba a poder quedar una tarde con mi hermano y ponernos morados de chocolate, que ya no iba a estar con él las 25 horas del día, que ya no iba a irme de shopping con mi madre las mañanas de Sabado. Que sí, que lo sabía, que todo, había cambiado