Capitulo 2. 
Ya era 22 de Septiembre y yo con los ojos como platos, con ese sentimiento de impotencia, de incertidumbre, ese sentimiento que cubria toda mi habitacion y mientras maldita nerea pensaba lo mismo que yo, de que lo que estaba escribiendo sonase a despediada, solté el boli y mire por la ventana, en un impulso brusco por encontrar la giralda y no el mar.
Ya sí, había terminado lo bueno, el verano se había terminado, incluso más que eso, ya ni siquiera era invadida de anuncios de vuelta al cole, se habían terminado. Todas mis sandalias estaban apartadas a un lado de mi zapatero. Había terminado y por mucho que intetara negarlo, en tres días iba a tener la mayoria de edad. Dieciocho, por más que lo decía no me entraba en la cabeza, y no era un simple hecho de entrar en la discoteca sin escotazo, con diez kilos de rimel en cada ojo y con el típico miedo a que te dejaran en la puerta, por mucho que todos decían que la “enana” aparentaba más edad. Era algo más, me sentía vacía, llevaba casi dos décadas en este mundo y no había hecho nada reconocible, no habia cumplido ninguno de los sueños que escribia a los 8 años en ese cuaderno rosa, y no me refiero a ir en poni al colegio. No era famosa, ni mucho menos un angel de VSFS, para ser ciertos, el sueño de convertirme en modelo se alegaba más al quedarme en Cádiz. Dios! Cada vez me daba mas asco decirlo: “quedarme en la linea” y por otro lado encontrar a mi principe azul... Venga ya! Ni siquiera había encontrado al lobo, para ser ciertos, el lío que tenia en la cabeza de principes azules, lobos y brujos malvados era para escribir el siguiente Best Seller de Disney.
Toqué mi Black con la mano izquierda para poner música y simultaneamente salto la canción de “Dont Forget to Remember Me” de Carrie Underwood ¿Era una señal?
No podía describir con palabras lo que sentía en ese momento, era algo extraño, como un odio cariñoso, una dulce sabor salado, un diablo con un vestido fucksia de Prada y unos Manolos de esos que duelen con solo mirarlos, algo indescriptible, algo que jamás se te pasaba por la cabeza, lo único que soñaba era con entrar en la página prohibida y que en un segundo me dija: hay plazas.
Tenía la ilusion por empezar en la privada, pero no quería perder mi vida. Caí en la cama, intentando no pensar en el motivo de mi insonio, ese sentimiento indescriptible. 
Pero, sin duda la agonía de mi prejuicio de no poder estudiar en Sevilla tenia nombre; Rafa, Maxixufi, Manu, Gonzalo, Carrero, Juan, Alberto, mis niños. José, Carlos, Álvaro y Javi, mis amores. Todos mis acalpuqueños. Ellas, Cristina y Jimena, las mejores. Ellos, Migue y Omar, mi puta vida, el motivo de cada una de mis sonrisas. 
Todo eso se cerraba, como cuando deseas que no acabe esa pelicula que estabas viendo con ese chico y los créditos empiezan a rodar, o cómo cuando estas sentada en ese banco en el que llevas sentandote todas los veranos y derrepente tu amiga se acerca y te dice: -ya estamos en Septiembre, oficialmete ya es 1 de Septiembre, o ese momento en el que tu madre entra en tu cuarto al grito de “hace una mañana perfecta para ponerse a estudiar” mientras sube la persiana y tu resaca sube por momentos. Esa última palomita ingerida, o ese último trago de cocacola, esa presión de mandibula contra mandibula en un intento de vuelta al 30 de Agosto, esa almohada que tapa la luz de esa “preciosa mañana” … así era como me sentia yo, con ganas de soltar el boli y construir una máquina del tiempo. Pero sería inutil, un esfuerzo en vano, al fin y al cabo era una chica normal y corriente, por mucha imaginación y pajaros que tuviera en la cabeza, no iba a construir una maquina del tiempo, y mucho menos a esas horas de la madrugada. Mañana se disputaba a ser un dia duro en Sevilla, quizás el ultimo dia que pisara mi tierra en mucho tiempo, y quería aprovecharlo.