Capitulo 1.
Cerré la maleta de un suspiro rápido y profundo. Levante la mirada y me puse en pie, cogiendo con la mano derecha la maleta. Miré por última vez mi habitación poniendo especial interés en ese cuadro blanco en el que aparecia una niña con media melena, de cabellos negros, ojos oscuros y que con dos dedos sujetaba una nuez, mostrando, con una sonrrisa de oreja a oreja a oreja, su felicidad ante la cámara. Parecía mentira que ya hubiera pasado más de catorce años desde que me hicieron esa foto, pensé.
Me subí en el ascensor, baje las escaleras y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en el coche. Mire por última vez Acapulco, un lugar en el que había pasado tantos buenos momentos con mis amigos, estaba vacío. “De camino a la linea de la Concepción” escribi en mi mente, mientras me ponía los cascos. Sí, La Linea, aquel sitio al que tantas veces he ido este verano, ilusionada y al que en aquel momento, tanto odio tenía.
Despúes de haber pasado cinco días inolvidables en mi ciudad, Sevilla, recorriendo cada día los distintos recobecos de Acapulco y sus alrededores, de haber vuelto a ver a todos, de haberme hecho ilusiones por volver pronto, me dirigia a Cadiz. Sólo tenía 73 personas antes que yo, me faltaban dos días para saber mi nueva nota con la subida de Literatura y si me quedaba en Sevilla, Mis ilusiones escaseaban, no sabía porqué, sí por el presajio de mi padre, la bronca que había tenido antes de irme con mi madre, o que en alquel mismo momento, en ese instante, solo deseaba bajarme del coche y romper de una patada ese cartel verde de tres palabras: Provincia de Cádiz.
Cerre los ojos, suspiré profundo y silenciosamente derrame una lágrima por el ojo derecho. Ni siquiera escuchaba ya la conversacion que mi padre estaba teníendo por el movil.
-Mira mi peñón, que bonito es! -dijo. No te parece bonito? Clavé mi mandibula superior contra la inferior, miré por la ventana y conteste un rápido y callado: -No.
Ya había llegado. Un cartel azul gigante paso por mi cabeza: San Roque. La Linea de la Concepción. El cielo nublado que me persiguió todo el camino, seguia sin moverse. Dieciocho de Septiembre de 2012, a una semana justo de mis dieciocho, de mi mayoria de edad y no solo el cielo, sino todo el mundo se me venía encima. Dentro de menos de una semana empezaría en la Escuela de Magisterio Virgen de Europa, con la breve y pequeña esperanza de que en la segunda fase me llamasen para volver a Sevilla. Una esperanza limitada, ya que sólo el 30% de los que estaban antes que yo habian desaparecido de la lista de una adjudicación a otra, la lista, la lista mas odiada de toda mi vida. Me sequé las lágrimas con la mano y baje del coche, vestidito de tirantas y sandalias, “perfecto, cyn” pensé, algo idoneo para un dia como este. Sería verda lo que decian mis amigos? ¿El tiempo cambia según mi estado de ánimo?
Solté la maleta , la abri para coger unos vaqueros, las vans y una sudadera. Quizás, la prenda más importante que iba a tener aquí, una sudadera de rayas, una sudadera que mi mejor amigo, mi hermano mayor, Carlos, me regaló antes de irme.
Tenía tantas ganas de que llegase ese día, ese día de encontrar ese mensaje en mi movil. De emanciparme con mi mejor amigo, Migue, hacerle la comida y que el me hiciera la cena. De montar fiestas en el piso con mis niños. De quedar para comer con mi brother entre la facultad de Educación y la de Derecho. De estudiar con Fernando y planear distintas maneras de sorprender a Jime, mi mejor amiga. De empezar en la academia de modelos, y conseguir mi título, presentarme a Miss Sevilla, desfilar en Simof, seguir haciendo TFCDS, tenía tantas ganas de conseguir mi sueño
