En estos dieciocho años de mi vida he aprendido que vivir por vivir no lleva a nada, que dejarse llevar esta bien en un primer momento, pero que a veces hay que pararse, respirar, mirar hacia atrás y pensar. No me arrepiento en mi vida de nada, si estuvo bien, un peldaño más de esta larga escalera, y si fue un error, aprendí de él, que tarde o temprano iba a tropezarme con esa piedra, y más vale caerse ahora, porque, quizás más tarde no tengas la fuerza necesaria para levantarte. He aprendido que las locuras se hacen en su justa medida, que el sol es para siempre y que las nubes se van. Que tu eliges; un día más, o un día menos en tu vida. Que hay que valorar lo que se tiene, superar lo que duele y luchar por lo que quieres. He aprendido que nunca es tarde para probar algo nuevo, que incluso el sol se pone en el paraiso y que la felicidad esta en las pequeñas cosas. Que Peter, tarde o temprano se va, que el tiempo es el tesoro más preciado en esta extraña vida y que todo lo que llega, pasa. Que los sueños no se cumplen sin esfuerzo, dedicacion y entusiasmo. He aprendido que la vida no se define sólo entre momentos incomparables, cosas inexplicables y personas inolvidables, que la suerte no existe, que yo soy la que rige mi destino, que no hay nada escrito, y que yo decido mi vida. He aprendido a que lo que una vez nos dice la cabeza, más tarde el corazón lo termina traicionando. Que he nacido para ser yo, Cynthia, y nadie más. Que hay más motivos para sonreír que para llorar. Que la vida son dos días, y que hay que aprovechar cada segundo, que al mismo tiempo que estas leyendo esto, ya es pasado. En todo este tiempo he aprendido a no quejarme por nada, porque en lo que en el presente puede ser una tortura, en el futuro, esa tortura, será añorada. Que no hay que tener miedo a pasarlo bien por después echar en falta ese momento. Que si por no llorar después, no reímos antes, nuestras vidas no valdría la pena. Que, por desgracia, las máquinas del tiempo no existen, que no podemos viajar en el pasado para revivir una y otra vez momentos únicos, ni adelantar el tiempo para mirar nuestro futuro e impedir no caernos, que no hay garantías de que esta vida sea fácil. Que si no volamos en la juventud, no tendremos historias que contar en la vejez. Que la imaginación no tiene límites, que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de la mano, y que si quieres algo bien hecho, házlo tu misma. Dicen que a partir de ahora los años pasaran muy rápido, solo espero no olvidar los buenos momentos de estos dieciocho grandes años, porque como dice mi madre, tengo un don para acordarme de las cosas buenas y olvidar las malas. He tenido muchas piedras y baches a lo largo de estos dieciocho años, pero me han hecho más fuerte, porque en ninguno me he rendido, en todos me he levantado, apoyándome con las dos manos en el suelo o con una mano amiga. Solo te pido una cosa, mayoría de edad, ayudame a seguir levantandome en esos tontos tropiezos, a encontrar lo que busco en la vida, a llegar a mis metas, en definitiva, ayudame a cumplir mis sueños. Brindo por aquel día, 28 de Diciembre de 1993, por ser el primero de mis grandes triunfos y que nueve meses después, aquel 25 de Septiembre de 1994, yo, Cynthia Ruz López-Escobar, llegué al mundo.