Tú eres el culpable de todo ello, de todo lo que siento. Tú eres el culpable de que mi deseo constante sea tenerte a mi lado a todas horas, para abrazarte cada minuto y besarte cada milésima de segundo. Pero es inevitable, porque te querría aunque te saliera un cuerno en medio de la frente y fuego por la boca, aunque te volvieras borde y pesado, aunque hicieras cosas que jamás nadie perdonaría.
Porque en estos días tan maravillosos de mi vida has estado tú y quiero que sigas estando muchos más para hacerlos tan especiales como sólo tú sabes hacerlos. Haces soleado hasta el día más jodidamente asqueroso. Estás bajo caída sólo para sujetarme. No te importa mancharte la sudadera de tierra, despeinarte o arrastrarte por mí. No existe el agobio ni el odio. ¡Que no me importa el mundo entero si estoy a tu lado!
