Los tacones en orden para ser la percusión de tus pasos. La cabeza en Babia, a cincuenta segundos de tu puerta y las piernas temblando.
La próxima vez que algo empiece, estate atenta. Me lo llevo grabando a fuego cada vez que se ha ido una ilusión, llegando rápidamente otra. He apuntado los minutos solitarios, me he recreado en el drama, he llenado tantas páginas en blanco hablando de sus manos que parece que he quemado medio verano antes de haber olido siquiera el fuego. La intensa sensación de comienzo, viéndome cerca de tener la habilidad de hacer las cosas bien, todo lo que he hecho mal las otras veces.
No podremos alcanzar nunca la paz del todo, pero ¿qué importa? No somos de esos.
El único infierno posible hoy por hoy es el olvido. Las definiciones, son innecesarias. Cámbialo todo. Dame locura. Cede y deja de engañarte. Porque aquel día ni nos tocamos al encontrarnos, y al despedirnos fue como si lo hubiéramos hecho cada día durante los últimos veinte años. Hazme creer que no estoy abrazando aire, pon el futuro tierra a la vista, mesa para dos y unas copas de vino vaciándose. Jodidamente libres.