Si éste, de verdad, es el fin del mundo; no podría jamás arrepentirme de lo vivido. Si ésta es mi última taza de café, la última oportunidad para alegrarle el día a alguien, mi último almuerzo familiar, la última posibilidad de despedirme de aquellos que me importan... entonces lo haré. Porque no creo que la profecía Maya tenga derecho a limitarme. Y, por eso, el hecho de que sean los últimos segundos de mi vida; no voy a hacer aquellas cosas que nunca hice. Quizás esté fuera de lugar, porque haríais todo aquello que no os ha dado tiempo a vivir. Sin embargo, no voy a usar el resto de mi día en buscar aquello que nunca tuve, prefiero entretenerme en lo que ya tengo. De nada me sirve abandonar éste mundo satisfecha de haber hecho puenting, un viaje indeterminado en caravana por el mundo, vandalismo por amor, escribir un libro o poseer un mini. Son cosas mundanas y superficiales que pasan desapercibidas cuando se trata de vivir realmente lo que queda de vida. Lo que verdaderamente importa son aquellos momentos en los que disfrutamos por lo más mínimo, una sonrisa de un desconocido en plena calle, o de un conocido que nunca había reparado en ti, y a la par hacer sonreír a quien te importa, a desconocidos y sin reparar en el tiempo; porque no hay plazo de tiempo, por el fin de la humanidad, que nos limite ahora si se trata de felicidad.