Puede ser cierto. Quizás el miedo sea algo que podemos controlar. Al fin y al cabo, las cosas tienen la importancia que nosotros les demos. Para algunas personas, comer es un infierno y para otras un placer. Hay quien se derrumba con un suspenso y quien piensa que la vida sigue. No todos estamos hechos de la misma pasta. Esto lleva a pensar que sí, que es cierto que los monstruos son tan grandes como nosotros permitamos que sean. Pero el miedo no es sino un sentimiento más. ¿Pueden los sentimientos controlarse? No sé contestar a esa pregunta. La lógica y las reflexiones anteriores me llevarían a responder con un claro sí. Sin embargo, una parte de mi subconsciente se empeña en que no. Los sentimientos, positivos o negativos, cuando son reales, te agarran, te arrastran, te salpican, te atrapan, te destruyen, te vuelven loco, cobarde y preso. Si sientes, sientes y no hay más. Quizás por eso siempre tengo miedo. Porque en el fondo de mi corazón me dejo llevar por mi incapacidad de control y decisión. Siempre seré diminuta al lado de un monstruo. Pero intento crecer para ser más grande, o para pedir ayuda, para que alguien mate miedos por mi.
Y así, confiando en los demás, creyendo en los polvos mágicos (porque no queda otra opción) consigo creer en mi. Y pensar que la respuesta a la pregunta anterior es que, quizás, todo depende. Pero si depende, yo elijo que en mi caso pueda controlar mis miedos y sea posible que maten monstruos por mi, y matarlos también por mi misma.
