Nosotros no podemos ser como los demás y dejar de discutir por un momento. Y es que si lo hiciéramos no seríamos tanto nosotros mismos, porque nos define. Lo que hacemos define como somos. Y a nosotros, a ambos, nos define esa inigualable y destructiva manera de estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo en nada. Pero hasta que llegamos a esa conclusión, discutimos. Al menos, empleamos nuestro tiempo en ponernos de acuerdo en algo. Y es que, si todo aparentara que está perfecto y no discutiéramos, sería aún más preocupante. El silencio es preocupante. Sin embargo, a veces la perfección se encuentra en las pequeñas cosas como, por ejemplo, el hecho de que estés. Con eso me basta.