Me gusta cuando mi cuerpo está junto al tuyo e, incluso, me gusta aún más cuando está encima. Es algo tan nuevo. Mis músculos se activan y, nerviosos, no pueden evitar el movimiento. Porque me gusta tu cuerpo, lo que hace, sus modos y lo que provocan en mí. Una reacción incontrolable ante el estremecimiento y sus maneras. Me gusta sentir la columna de tu cuerpo erguirse y tus huesos clavándose en mis músculos. Adoro tu firme y constante tembladera sobre mí. Esa delicadeza con la que me tocas y que, una y otra vez, besaré. Me gusta besar esto, eso y aquello de ti. Mi cuerpo, encima del tuyo, acaricia lentamente cada centímetro de tu electrificada piel y se colma de energía, con todo lo que eso conlleva. Y tus ojos grandes, que no te caben en la cara, están llenos de amorosas migajas de pasión. Aunque, posiblemente, me gusta más cuando el encanto de tu risa hace eco debajo mía y ya no puedo hacer nada, me petrificas. No tengo remedio, estoy llena de energía y de ti.
