Bien es cierto que el presente es la parte más importante del tiempo que tenemos. Lo que hacemos con él ahora mismo, en este preciso momento y lugar, es directamente proporcional a lo que hemos aprendido a hacer desde el pasado, pues no podríamos decidir qué ni cómo hacerlo sin experiencia. Seríamos incapaces de actuar como lo hacemos sin haber aprendido a lo largo de los años que algunos actos conllevan consecuencias indeseables, que muchas miradas hacen más daño que simples palabras y más vale evitarlas, o que es preferible un pasado contigo a un presente sin ti.
El caso es que sin pasado, no habría presente; pero sin presente, aún hay pasado. Y, por supuesto, el presente hace que haya futuro. Por eso se dice que hay que vivir el presente, porque este es la clave; escribe un futuro y, a la vez, constata un pasado. Es la unión entre ambos mundos. Y cuanto más sea el presente, según nosotros, maravilloso; mejor que mejor, así será la vida que tenemos, al fin y al cabo. Debemos mirar hacia adelante, pero sin olvidar lo que dejamos atrás. Pues a lo que dejamos atrás, a ellos, debemos quienes somos y lo que seremos en el futuro.
