Vale, sí. Tienes razón... Me dislocas, me mueves, me paralizas. Estrujas mi órgano más vital y haces que sea la más dichosa de las dichas. Lo admito, pero esto se me viene demasiado grande ¿sabes? y a mi nunca me han enseñado a vivir con algo que me queda tres tallas de más. Por eso improviso, a menudo, por eso me contradigo y me pongo nerviosa, porque esto es algo demasiado increíble. Superior a ti, a mí, a nosotros. Siempre me enseñaron a estar callada porque siempre serás esclavo de tus palabras, pero dueño de tus silencios. Por eso es por lo que me callo y simplemente te sonrío. Porque las mejores cosas no se dicen, se demuestran. Siempre es igual. Se siente pero no se dice, se mira pero no se toca. Y sé de sobra que ningún proyecto de vida con éxito ha salido de un plan con sentido y previamente planeado, pero quiero que sepas una cosa: yo siempre, siempre, siempre... estuve destinada al fracaso, por mi completo pesimismo, hasta que te conocí...
.jpg)