Un día, de repente, sientes que nada encaja en tu vida. Que tus ojos a punto de explotar se han rendido en el intento. Parece que todo lo que estaba tan cerca, se aleja sin hacer ruido. El verano sin amor te suena a infierno. Sólo tus ganas de vivir, tus carcajadas con volumen de más, sólo esa manera de hacer feliz a las personas pueden salvarte.
Más de una noche, con más de una copa, llegué a pensar que te quería. Te quería demasiado. Y te quiero. La vida era y es fácil a veces, y hay calles que son más bonitas cuando no hace falta olvidarlas. Pero también hay calles difíciles, miradas que ya no deben cruzarse. Hay momentos en la vida que son para siempre. Como el encuentro con el amor de tu vida. Como esa sonrisa que te hace volar la cabeza. Piensas en los momentos complicados y en cómo ha pasado el tiempo. Acuérdate de que fue la vida la que te echó una mano. La vida. La que pasa y la que queda. Esa vida que hace que desaparezcan los que iban a estar siempre. Los que nunca fallarían y ahora ni siquiera existen. La misma vida que se lleva las únicas personas que, hasta entonces, de verdad te importaban. Sin embargo, pasan los años y sólo escribiría miles de hojas admirando lo feliz que soy, y lo feliz que eres.
Pero prefiero recordarte todas esas botellas vacías. Todas esas madrugadas inolvidables, y el amor compartido. Eres una razón para muchos y un ejemplo para todos. Eres un corazón grande rodeado de corazones diminutos que no te merecen. El mundo se puso una vez en tu contra, pero suele hacerlo con las personas valientes. Un día dejaste de buscar razones que no te dejaban dormir. Porque la única razón es seguir sin rendirse. La única razón es verte reír y ver como haces reír a los demás, tu forma de disimular, la manera en la que te vuelves orgulloso sin serlo y la envidia de muchos de ser feliz y transmitirlo. Sigue perdiendo los papeles en la tercera copa y no te canses de vivir nunca. No te olvides nunca de mí, de nuestros secretos, de nuestras confesiones de una noche cualquiera. Acuérdate siempre de aquella pequeña ciudad, completamente vacía, paseando juntos bajo un cielo que amanecía, gatos que salían a alimentar a sus crías a la primera luz del día. Completamente solos en un instante. Puedes pasarte horas con alguna filosofía sin sentido, o llorar por cualquier otra razón... Pero nunca lo olvides, que tienes un corazón demasiado grande para una ciudad tan pequeña. Porque eres de verdad, de los que quieren y consiguen. De los que no faltan si no estás. De los que le ganan la batalla al invierno y se dan cuenta de que no era para tanto. Gracias por estar siempre. Por nunca fallarme, por estar en mi vida y hacerme un poco más feliz.