Eres ese charco que no pisé pero me salpicó. Ese charco en el que quiero empapar mis pies. En mi corazón ponía desde hace un tiempo "prohibido fijar sentimientos". Ese fue un problema que no quise reconocer. Que los fantasmas del pasado van cosidos a mí, y el tiempo se encarga de cortar los hilos poco a poco. Demasiado despacio, pero a su tiempo. Tu trabajo también consistía en eso, en no hacerlo. Yo, en cambio, moría por empapelarte entero. Simplemente, apareciste, te fuiste, y me convertí en una víctima del sistema, del sistema que tienes de no jugar con las personas. Yo, tu contento, tú, mi encanto. Joderte o joderme. Lo haces bien y mal, o realmente no estás haciendo nada. No haces nada por el propio miedo a hacer. ¿Cómo vas a vivir sin amor? ¿Cómo vas a vivir sin dolor? Si no dejas que el mundo te afecte, tu corazón permanecerá siempre intacto. En estos momentos, lo único conjugable con el verbo querer y mi persona, es la aparición de una nueva. Las ganas de verle. De pedirle unos días de asuntos personales a la vida. Y ausentarme, antes que mostrarme ausente.No quiero sentir que no estás, no quiero un amor a plazos. Hipotecarte a mis problemas, pero de verdad. De ese amor que se siente no con el corazón, sino con el esófago. Pedir un anticipo de fuerza y empeñar tus miedos con tal de pagar los daños colaterales que se puedan provocar.
¿Y por qué yo? Puedo ser inmune. Puedo ser tú, con tus miedos y tus consecuencias. Echar el curriculum en las putadas que nadie quiere vivir por si me despiden de tenerte. Cotizar para vivir del cuento en un futuro, de este cuento en el que las ventajas están envenenadas. De nuestro futuro, de nuestro cuento.