He estado ahí cada vez que te jugabas la vida, pero también cada vez que hacías que vivirla mereciese la pena. He estado ahí cada vez que aprendías a valorar lo importante, pero también cuando lo acababas confundiendo siempre con lo simplemente urgente. Y ahora no sabes quién soy. Estuve siempre a tu alrededor, cuando te dabas cuenta que no tomabas la decisión adecuada, cuando te advertí de que ella te iba a hacer daño y acto seguido te dejó, cada vez que creías que tu vida estaba encaminada hacia otro lado. Jugabas conmigo, y yo siempre entré al trapo, nunca te dije no. Yo te enseñé a conjugar todos los tiempos del verbo preocupar. Y te enseñé que la mayoría de las cosas tienen remedio si se lo pones a tiempo. Y gracias a mí sabes que un adiós no es siempre un "hasta siempre", que también puede ser "un hasta luego".Mientras tanto, le he puesto un fin a todo esto, sin motivo alguno, pensarás, y estás en lo cierto. He dejado que mis miles de llantos chocaran contra un acantilado y pudieran juntarse con los tuyos que, a fin de cuentas, nunca se han tirado al vacío. Gracias a mí, tuviste miles de oportunidades para darte cuenta de lo equivocado que estabas. Pero no te apures. Hicieras lo que hicieras, la respuesta era siempre otra, el final era siempre igual. Este es el principio del olvido y el final de todos los recuerdos.