Pero, ¿por qué esa fascinación por los golfos? ¿Por qué esa admiración por los tíos que, sabéis que os lo van a hacer pasar mal? ¿Qué tienen ellos que os atraen tanto? Muy sencillo. Tan sencillo que da miedo. El golfo es la promesa eterna de la libertad. Es el que, a su lado, cada día será diferente al anterior. Es la inestabilidad, la tormenta, el caos. Es el “hoy te quiero menos que ayer y mañana no sabré quién eres” o el "hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana". Es la sonrisa del rebelde sin causa, el mañana que nunca muere. Es, en definitiva, la atracción que ejerce lo prohibido, lo que no nos conviene, lo que nos va a hacer sufrir. Porque, en el fondo, esa atracción se basa en posibilidad de poder domar a la fiera, de ser la que ha conseguido cambiar al que nunca quiso portarse bien. Es decir, la atracción de ser la que ha conseguido que la sonrisa de un golfo deje de lucir o lo que es mejor, que sólo lo haga para ti.