Es injusto. Es injusto que la vida te de momentos tan buenos, recuerdos inolvidables y después pretenda que los borres todos de tu memoria. Porque ya te resulta inútil pensar, hacer o decir. Porque en cualquier pensamiento, él esta presente. Porque con cualquier cosa que hagas, él esta presente. Porque con cualquier frase que digas, él esta presente. Es inútil querer rebobinar, dar marcha atrás en el tiempo. Y llegar hasta ese momento en el que él llamo al timbre, tu miraste a ver quien era, dudaste si abrirle o no, pero finalmente lo hiciste. De par en par. Para que? Para que al cabo del tiempo él decida marcharse, dejando la puerta abierta al irse. Y tú como una tonta, piensas que eso es una señal. ¿Por que será que cuando estamos enamoradas vemos señales en todas partes, en cada lugar que visitamos, en cosas tan insignificantes como matriculas de coche o chapitas de latas? Señales que no son NADA, sino una forma de engañarte a ti misma. Porque, no, amiga, esa puerta que dejó abierta no es una señal de que va a volver algún día arrepentido. Es una forma de decirte lo poco que le has importado, que él ya se olvido hace tiempo de todo lo que creías "vuestro", se olvidó incluso de cerrar tu puerta. Llegado ese punto, tú te levantas, recapacitas, te llamas imbécil a ti misma una y otra vez frente al espejo, y decides cerrar esa puerta con llave. Porque el que quiera entrar de nuevo, tendrá que ganarse esa llave. Ya no va a ser tan fácil. No va a ser tan fácil hacerte sufrir. Se acabó lo de sufrir por un hombre. Hoy soy una mujer nueva, y quien realmente me quiera, que no espere encontrar las llaves bajo el felpudo. Convénceme que las mereces. Hazme reír. Hazme soñar. Hazme sentir.