Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado... Hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Ábreme bien las puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre luz y color, que el azul del cielo se vuelva rojo, que hoy nos vamos a poner morados. Y hablando de ponerse, vete poniendo comodo que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte más. El espacio es tan acojedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño para que puedas sentirte incómodo, ni muy grande como para meter mentiras. Mis recuerdos los dejé todos esparcidos por ahí en cajas de zapatos gastados, y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrias resbalar. Yo te aviso. El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reírte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirla de sopetón. No sé si te lo había dicho antes, pero la estufa la pones tú. Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasada que necesitan más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, es ensuciarse a su ritmo y en su grado justo. Eso sí, por la sábanas no te preocupes, que lo resisten todo. Para acabar, te he dejado un baño de rey, una cama de principito y un sofa de prostituto de lujo. Para que lo disfrutes a tu gusto, eso si... siempre con derecho de admisión. Aquí no vienes a rendir cuentas sino a rendirte tú. ¿El resto? No sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura. Dime que tienes toda la vida y voy dándote presupuestos. Dime que intentaremos toda una vida e iré encontrando mis nunca más.